martes, 20 de octubre de 2009

Crónica
El cobrador sueña con ser chofer

La paciencia es la clave para atender a los usuarios, aunque no todos los oficiales de bus la cultivan. Su vida transcurre entre insultos y contaminación.
A los ocho años aún no manejaba con destreza las reglas de las matemáticas. Pese a ello, se arriesgó a trabajar en una unidad de transporte público de Santo Domingo.
“Anotaba cuánto tenía que dar de vuelto y luego aprendí de memoria las fórmulas”, rememora Jairo Méndez, de 21 años.
Ahora, él labora en la cooperativa Santo Domingo y es uno de los oficiales más reconocidos, por su experiencia. La parada principal es el Terminal Interparroquial, en pleno centro de la ciudad.
Méndez es el primero en llegar a la estación los días en que no tiene “turno de dormida” en las parroquias o recintos a los que la cooperativa sirve. El jean y los zapatos deportivos no son parte del uniforme, pero son necesarios para estar cómodo a la hora de saltar del bus a la calle, para ayudar a subir a los pasajeros.
Hoy las tres rutas son a Puerto Limón. El bus en donde va Méndez cruza la Vía Quevedo. Allí está un grupo de tsáchilas con canastos de mimbre. “Esta ruta es complicada porque los usuarios suben con carga. Una señora llegó con un balde de comida para un cerdo una vez y me regó en la ropa”, dice Méndez.
Pero soporta las complicaciones porque sabe que no serán eternas. Su meta es ser dueño de un bus y conducirlo.
El bus circula por el sector de San Miguel y se cruza con una unidad de la Compañía de taxis ‘Puerto Limón’. Líder Vélez tiene medio cuerpo afuera de la puerta. “Antes el negocio daba para más ahora la gente los prefiere a ellos por la rapidez”.
Vélez baja del automotor antes de que pare por completo. Mira a una mujer con dos niños y toma a uno de los infantes de la cintura. Lo carga por las gradas sobre sus hombros y lo coloca en un asiento cercano.
Según Kléber Macías, conductor del bus, Vélez es uno de los cobradores ejemplo de la empresa. “Es amable y siempre tiene un gracias listo para los usuarios”.
Un adulto mayor trata de bajar del bus antes de que pare. El controlador lo detiene y el hombre lo insulta. “Un día seré chofer y recordaré con cariño estos momentos difíciles”.
El no es el único que tiene trazado el proyecto de su vida. Nilson Alvarado, cobrador de la cooperativa San Jacinto, también anhela estar tras el volante.
Mientras eso ocurre, trata de hacer bien su trabajo, pese a los riesgos. Este portovejense de 33 años, comenta que hace tres meses en la ruta a Valle Hermoso, subió un delincuente y trató de robarle a una pasajera. Él lo impidió.
El bus en donde trabaja desde hace 13 años se detiene en la parada del Km.7 y el oficial cobra el pasaje a los últimos usuarios. Cuando todos dejan el bus, su trabajo sigue. Limpia los pisos y ventanas y cambia los carteles del parabrisas para empezar un nuevo recorrido.

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